
Por DG Hebe Corvi | Vocal UDGBA
Cómo un artista platense construyó uno de los sistemas visuales más poderosos de la cultura popular argentina.
Antes de que existiera el término branding en el vocabulario del diseño local, Rocambole ya lo estaba haciendo. Desde 1978, José Ricardo Cohen construyó pieza por pieza la identidad visual de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota: una iconografía coherente, escalable y tan reconocible que terminó tatuada —literal y figuradamente— en la piel de una generación.
Oktubre: la tapa que lo cambió todo
Su obra más citada sigue siendo la tapa de Oktubre (1986). Rojo, negro y blanco: los colores del anarquismo, más un gris de apoyo que Rocambole agregó para matizar los gestos. Una decisión semiótica antes que estética: antes de leer una letra o escuchar una nota, quien tomara el disco en sus manos ya sabía en qué territorio estaba pisando.

La multitud marchando remite directo a los afiches soviéticos de principios de siglo. En el reverso, la Catedral de La Plata en llamas. «Un símbolo revolucionario. Un guiño a todas las propuestas libertarias. Parece la tapa de un libro anarquista», describió el propio Rocambole. El resultado fue uno de los sistemas visuales más potentes del rock latinoamericano.

La figura del esclavo rompiendo sus cadenas se transformó en el tatuaje más masivo de la cultura ricotera. La primera vez que Rocambole se topó con uno fue en los noventa: un muchacho se sacó la remera y le mostró la espalda cubierta íntegramente. «Me asusté», contó años después.
Influencias y síntesis
Sus fuentes son transparentes: la historieta argentina de los 50´s, Ricardo Carpani, los afiches sindicales, la contracultura rock. Lo que hizo fue fusionar esa tradición política con la estética de los márgenes urbanos. El resultado fue un lenguaje que la gente reconoció como propio porque lo era: no un logo descendido desde arriba, sino algo que emergía del mismo lugar que la música.
El copyright como postura de diseño

Sobre las miles de reproducciones sin permiso —remeras, banderas, tatuajes— fue consecuente hasta el final.
«No creo en el copyright. Prefiero que se distribuya; de última me están haciendo una exposición gratuita.»
— Rocambole, La Plata
La pérdida de control fue el mecanismo de expansión. Cada tatuaje, un embajador.

