Por Diego Lucero
¿Está muriendo el diseño gráfico o lo estamos matando?
Como escuché alguna vez: “El diseño es el pensamiento hecho visual*”. Pero en los últimos años, pareciera que ese pensamiento se fue apagando. El oficio fue cediendo espacio al apuro, la estética, al algoritmo, y la idea al “me gusta”.
Diseñar no es solo decorar. Tampoco es elegir una plantilla y cambiar los textos. Pero muchas veces eso es lo que hacemos, por urgencia, por demanda o simplemente porque se volvió costumbre.
¿Y qué pasa cuando dejamos de pensar? Repetimos. Copiamos. El diseño se vacía. Este artículo surge como una reflexión crítica —y también afectiva— sobre esa pérdida de sentido. Porque el diseño todavía respira, y aún estamos a tiempo de devolverle el alma.
¿Qué está pasando con el diseño?
Todo parte de un síntoma: la repetición sin reflexión.
Ctrl+C, Ctrl+V. Plantillas que se reciclan sin criterio. Un diseño que responde más a “lo que funciona en redes” que a lo que se quiere decir. La presión de publicar sin pausa lleva a muchos profesionales a elegir lo más rápido, lo más visible y/o lo más viral.
Y en esa elección diaria, algo se pierde. Se deja de pensar. Se abandona el concepto. Se descarta la exploración. En lugar de crear, adaptamos. En lugar de buscar, aplicamos fórmulas. Pero cuando el diseño se convierte en una acción automática, su poder transformador desaparece.
El resultado: piezas visuales que se ven bien, pero dicen poco.
¿Por qué dejamos de pensar?
La respuesta tiene varias capas. Por un lado, vivimos inmersos en un sistema de consumo acelerado de contenidos. Diseñar rápido, gustar rápido, producir sin frenar. El algoritmo marca el ritmo, y muchas veces lo seguimos sin cuestionarlo.
Por otro lado, la cultura del “contenido constante” ha instalado una lógica que pone la cantidad por encima de la calidad. “Hay que estar presente”, dicen. Pero estar, sin decir nada, ¿es realmente estar?
También influye el miedo a salir del molde. A crear algo distinto y que no funcione. Ese temor lleva a muchos diseñadores a repetir estructuras, estilos, colores y tonos que ya se validaron antes. Pero el diseño que repite no propone. Solo reproduce.
Pensar lleva tiempo. Y hoy, el tiempo parece ser un lujo.
¿Podemos revertirlo?
Sí. Pero no se trata solo de una técnica, sino de una actitud. Volver a pensar el diseño es volver a poner la intención en el centro. Es preguntarse, antes de abrir Illustrator o Figma: ¿Qué quiero comunicar? ¿Para quién? ¿Por qué esto y no otra cosa?
Así como en accesibilidad se promueve el diseño con empatía —considerando las dificultades y necesidades del otro—, en el diseño visual también podemos adoptar un enfoque más crítico. Hacer preguntas incómodas. Evitar el piloto automático. Y, sobre todo, defender el oficio como una forma de pensamiento.
Porque cuando se piensa, se crea con profundidad. Y cuando se crea con profundidad, el diseño recupera su fuerza.
¿Por dónde empezar?
Podemos empezar valorando el oficio como forma de pensamiento. Recuperando el proceso creativo como espacio de exploración. Diseñando piezas que comuniquen, interpelen, incomoden o inspiren, pero que tengan algo para decir.
Así como existen buenas prácticas para facilitar la lectura a personas con dislexia, también podemos diseñar de manera más consciente y crítica para facilitar la comprensión y la reflexión.
Volver al oficio puede parecer una tarea enorme. Pero se trata de gestos pequeños, conscientes y constantes.
Por ejemplo:
– Antes de repetir un recurso visual que viste en otra cuenta, pensá si tiene sentido para tu público.
– Antes de usar una plantilla, preguntate si responde a lo que querés comunicar.
– Dedicá tiempo al proceso, aunque parezca más lento. Bocetá. Explorá. Permitite dudar.
– Valorá más una buena idea que una animación impactante sin contenido.
Al igual que en diseño de interfaces se cuidan detalles como el contraste, el espaciado o el tamaño de tipografía, en el diseño gráfico también hay que cuidar el sentido, la coherencia y el impacto del mensaje.
Volver al oficio no significa rechazar lo nuevo. Significa usarlo con criterio. Diseñar con conciencia.
Un diseño que respire
¿Queremos que el diseño gráfico sea solo contenido decorativo? ¿O que vuelva a ser una herramienta de pensamiento, crítica y transformación?
Cada pieza que diseñamos es una decisión. Cada publicación, un mensaje. Diseñar sin pensar es como escribir sin saber qué se quiere decir.
Volver al diseño con alma implica reconocer su valor más allá del algoritmo. Implica cuidar el lenguaje visual como quien cuida una voz: con respeto, con claridad, con intención.
Porque diseñar, en definitiva, es elegir. Y nuestras elecciones pueden volver a llenar de vida al oficio.
¿Qué podés hacer vos?
Como diseñador, podés recuperar el rol de creador de sentido. Como educador, podés alentar a pensar antes de hacer. Como consumidor de contenidos, podés valorar lo que propone una idea en lugar de solo lo que “se ve lindo”.
La próxima vez que abras un archivo en blanco, antes de buscar una plantilla, preguntate: ¿Qué quiero provocar con este diseño?
Ahí empieza todo.
El diseño sigue vivo, pero necesita de vos para seguir pensando.
Porque diseñar no es resolver rápido.
Es abrir caminos, provocar ideas y hacer visible lo que importa.
* La frase «El diseño es el pensamiento hecho visual» es una cita famosa de Saul Bass, un diseñador gráfico y cineasta estadounidense. Esta frase encapsula la idea de que el diseño no es simplemente una cuestión estética, sino una forma de comunicar ideas y conceptos a través de imágenes.

