La importancia del vacío en la lectura, cuando la letra necesita el espacio en blanco

Por DG María Laura Garrido | Presidenta UDGBA

Cuando leemos no nos damos cuenta de la importancia que tiene el espacio en blanco en la construcción de las palabras, de la línea de texto y del párrafo en general. La página compuesta de texto depende del espacio blanco. En verdad creemos que leemos letras pero, leemos por vacío, por la contraforma de esas letras, líneas, bloques de texto.

Por eso siempre digo que las letras son cuerpos transparentes, porque tienen más blanco que negro, si pensamos a las letras desde el valor de su trazado como negro. Las letras son forma y contraforma, espacio habitado (impreso) y vacío en una sola forma. Parece muy espiritual más que tipográfico, pero es así.

Por eso, cuando hablamos de legibilidad nos estamos refiriendo a la cualidad de lectura que tiene una forma-letra: cuánto del espacio vacío contribuye a sostener y dar valor al espacio impreso y en qué medida estas dos “presencias” se articulan. Nuestro ojo lee por vacío, no por lleno. Se han hecho muchos estudios en torno al tema de la lectura de texto en busca de la forma letra ideal para una lectura sin problemas. Particularmente se han desarrollado trabajos muy interesantes y útiles para encontrar mejorar la lectura en personas con dislexia a través del diseño de sus formas. Y esto es, comprender que en la operación de la lectura intervienen una serie de acciones que se conectan con procesos neuronales del cerebro y físicos del aparato lector.

Ignorar estas cuestiones en el campo del diseño gráfico y, muy particularmente en lo que respecta al diseño editorial, es como andar a tientas en un terreno desconocido. Podés salir airosa pero no estás controlando la situación desde la realidad.

Es por esta causa que no todas las letras sirven a las mismas funciones: hay necesidades que reclaman letras más robustas con espacios en blanco más discretos, como titulares o palabras destacadas. Pero no es recomendable abusar de este recurso porque significa un esfuerzo grande para el ojo; una cosa es leer una línea de título o una frase destacada y otra es leer varias líneas o un bloque de texto extenso. Lo mismo sucede con las formas inclinadas, las itálicas son formas que reponen el ductus de la mano al escribir, pero en una forma mecanizada, como es la tipografía. Sus formas tienen contraformas oblicuas, exigidas y por esta razón los cuerpos de lectura no deben ser demasiado pequeños, y por la misma causa no es recomendable su uso en varias líneas seguidas porque produce cierto agobio en la lectura.

De todas maneras, es imposible generalizar en el campo de la tipografía tanto como en el campo de la lectura, porque cada tipología tipográfica (diríamos familia tipográfica) tiene una serie de características propias, como las personas, que las hacen distintas. Por eso a la hora de seleccionar una fuente tipográfica para componer un texto o un título hay que ver a las letras en acción: en tamaño, en contexto y en palabras, nunca en solitario y apelar al criterio.

Las letras son formas que nacieron para ser palabras, y hay que verlas siempre por contraste, ver su espacio áurico, su contraforma, ese blanco que la sostiene y les da sentido. Sin ese blanco, sin esa ausencia-presencia, la tipografía no es nada.

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Para más información sobre el tema:

Papazian, Hrant. “Alfabeto 2.0.” TipoGráfica, vol. 54, no. 3, 2002/2003, p. 52. 0328-7777.

Böer, Christian. “How can a font help people with dyslexia to read.” TEDxUnist, 12 july 2016, The Dyslexie font | Boer Christian | TEDxUNIST