Roma – Buenos Aires. Diseño para el cambio social

Entrevista a Coco Cerrella, por Federico Díaz Mastellone

Coco Cerrella es diseñador gráfico, miembro de la UDGBA, afichista,  activista visual y profesor. Fue invitado a dictar en Roma un taller sobre afiche social junto a la leyenda del diseño italiano, Armando Milani.

1 – Ponenos en contexto: ¿Qué fue «Forme di confine» y cómo llegaste ahí?

Fue un taller de afiche social en Roma, para estudiantes del Doctorado en Diseño para el Cambio Social, en el Instituto Superior de Roma (ISIA), que es la primera universidad pública italiana dedicada al diseño. Se puso en contacto conmigo el profesor Stefano Pratesi y me hizo llegar la invitación para dar este taller junto a una leyenda del diseño italiano como lo es Armando Milani y Daniela Piscitelli, renombrada colega y docente de la Universidad de Nápoles y estudiantes de grado de la Universidad de Catania.

Fue una semana entera diseñando afiches, compartiendo charlas, cafés y comidas, y -sobre todo- hablando mucho sobre problemáticas sociales y universales como género, racismo, cambio climático; pero también sobre temas cotidianos: nuestras vidas en las ciudades, el tiempo, la tecnología. El formato fue muy parecido al taller de diseño al que estamos acostumbrados, con una charla previa de nuestro lado, análisis y debate en torno a la consigna: ¿Qué son los «bordes»? ¿Qué son los «límites»? o ¿Quién impone esos límites? Todo esto para luego pasar a la instancia de sentarse a bocetar con lápiz y papel. Van a editar un libro y a montar una exposición, en noviembre, con lo que se generó en el taller.

2 – ¿Qué sensaciones personales te llevás de esta experiencia y qué paralelismo podés encontrar con los espacios donde te tocó dictar clases?

Más allá de la distancia lógica por nuestro rol de profesores, desde el principio vivimos un clima muy cercano y afectuoso. Las charlas, el debate fueron muy transversales desde lo humano, más allá del nivel de formación o la trayectoria. Incluso quiero contar una anécdota muy linda que ejemplifica esto. Cada día Armando Milani (86 años) llegaba al taller con una idea nueva para un afiche y la exponía, la compartía con los estudiantes y les preguntaba qué les parecía; ¡Y se ponía a hacer maquetas allí mismo, en vivo! ¡Imagínense a un diseñador de esa trayectoria bocetando frente a todos. Fue un lujazo.

Otra de las cosas que me llevo tiene que ver con la constatación de que somos muy parecidos en la forma de abordar las mismas problemáticas. Cuando nos permitimos el diálogo, escuchar al otro, nos damos cuenta de que los límites, los bordes, las barreras son construcciones sociales y culturales. Y el taller presencial de diseño en estos tiempos es increíble como dispositivo de vínculo. Lo viví en las clases dentro de la cárcel, en las calles… con La Ruta de los Logos en La Paz (Bolivia), o en la Universidad de Buenos Aires. No hay verdades absolutas y lo que se genera es siempre un círculo virtuoso de conocimiento y experiencia.

3 – ¿Qué reflexión podés hacer en torno a la importancia del diseño de afiche social, en otros países y en el nuestro?

Lo hablo en clase con los alumnos: el mejor afiche sobre cualquier tema no va a solucionar el problema en cuestión. Un gran afiche sobre Derecho a la Vivienda puede ganar premios pero en mi esquina sigue durmiendo una familia. En el mejor de los casos aporta un granito de arena al debate y a la concientización. A veces es importante tener eso en cuenta porque muchas veces los diseñadores tenemos una mentalidad «diseñocéntrica» y perdemos de vista que nuestro rol, aunque significativo, es pequeño frente a las fuerzas que dinamizan el cambio social.

Pienso que hay muchos afichistas excelentes en nuestro país. Tal vez no tenemos la tradición en torno al cartel como sí la tienen otros países pero celebro que se abran estos espacios para el diseño argentino y latinoamericano porque pone el foco… no en mí (claro está) sino en la calidad con que se está produciendo en la región. Soy un afortunado y un agradecido con la educación pública argentina; de hecho, en cualquier ciudad del mundo donde me toque dar una charla, siempre comienzo con una foto de la FADU, mi «kilómetro cero» en esta profesión. Siento que no hay que «bajarle el precio» a lo logrado desde nuestro país, no hablo solamente del diseño: la ciencia, la tecnología, entre otras cosas. Debemos ser autocríticos para poder mejorar, pero nunca dejar de sentirnos merecedores de lo bueno que nos pasa.