Soy… (el entrevistado se presenta como quiere)
Soy un neurótico ocular. Me apasiona la imagen desde su concepción más pura y primitiva. Esto me llevó a diseñar posters, juguetes, ilustrar tapas de discos, filmar, fotografiar, actuar; todo esto voraz y caóticamente. Sin una bitácora clara pero que de a poco, muy de a poco, comienza a tener un sentido profesional y personal.

¿Cuál fue tu primer acercamiento al diseño gráfico?
Recuerdo que desde muy chico me sentí atraído por ciertas marcas que se tatuaron en mi retina: Michelín, con su simpático y esponjoso personaje, los camiones de Fargo circulando por la ciudad con sus asteriscos coloridos, casi lisérgicos (ahora que lo pienso, seguramente circulaban con cubiertas Michelín en sus ruedas), el todavía vigente envoltorio de los caramelos Sugus; estas imágenes y otras tantas operaron sobre mi cabeza como una especie de germen gráfico y visual que luego se tornó el padecimiento que mencioné antes, una neurosis ocular aguda.

¿Cómo llegaste al lugar donde estás actualmente?
Es una pregunta compleja (siempre hay que comenzar una respuesta con esta frase para lucir interesante).
No creo haber llegado a ningún lado, la verdad.
Pero intentando responder algo, les diría que es una combinación entre ser muy respetuoso con los conocimientos adquiridos, y a su vez, ser muy rebelde a la hora de aplicarlos. En criollo: aprender y dominar la mayor cantidad de herramientas para utilizarlas libremente (no como nuestro docente quiso alguna vez que las utilicemos). Me crucé con muy pocas personas que me inculcaron esto y me parece muy importante destacarlo. Creo que hay que mantener siempre encendida un pequeña llama contra-cultural. Digamos, entregarse de lleno a nuestra formación, a nuestras instituciones, escuelas y universidades; para luego detonar todo y dar lugar a la desconfianza. Siempre me pareció sano desconfiar un poquito del formateo, de la estandarización. No se enseña ni fomenta demasiado la búsqueda de lo distinto, lo particular.

¿Cómo es tu día de trabajo habitual?
La inquietud visual me lleva a tener días muy distintos dentro del estudio. Trabajamos en equipo, muchas horas y en un único espacio físico (como sucede en la mayoría de los trabajos); pero diseñar la identidad visual de un espacio cultural, luego proyectar la escenografía de una obra de teatro, para después diseñar un juego de niños: hacen que la rutina se vuelva muy dinámica, una no-rutina.

¿Qué limitaciones encontrás a la hora de diseñar?
No lo consideraría una limitación pero mi propio caos mental hace que muchas veces no pueda ser pragmático y sistemático en el laburo. Haber estudiado dirección de arte, teatro, ilustración, fotografía, pintura, escritura creativa y manipulación de títeres (entre otros talleres), hacen que cada vez que me siento a diseñar, el proceso pase por todos estos filtros antes de materializarse.

Autopregunta (el entrevistado se hace una pregunta y la responde)
¿Por qué creés que hay tanta necesidad de encasillar los géneros y disciplinas dentro del discurso artístico, visual y gráfico?
Me parece que está relacionado con el estudio e investigación que va siempre por detrás de comprender un fenómeno. Siempre me llamó la atención y me resultó contradictorio esto, son pocas veces los propios vanguardistas (los que están empujando los límites de las disciplinas) los que se dedican a estudiar y comprender lo que están haciendo. Y ahí, en ese borde, es dónde sucede el mal entendido (que encima se masifica). De repente, se desvirtúan las búsquedas personales, se reducen y se simplifican; somos todos “directores de arte”, hacemos todos “lettering” y “character design”. No somos conscientes de lo mal que le hacemos a estas industrias encasillando todo, no dejando lugar para la incertidumbre y el vacío, como si estuviese mal no poder ponerle palabras a algo.
Y lo peor de esto, es que se vuelve una lógica implícita del propio mercado, en la cuál el diseñador o artista tiene que responder a esa demanda. Y así es… como de repente empiezan a surgir diseñadores y artistas empaquetados, el que se dedica a tal y tal cosa, el que se especializa únicamente a “eso”; y por ser reconocido en “eso”, ya no puede salir de ahí, termina encorsetado por él mismo y su entorno. Y en definitiva, la profesión se termina achatando, transformándose en un trabajo de oficina de esos que tanto criticamos. No coincido con esta propuesta, la verdad; y creo que cada uno de nosotros, desde nuestro lugar, deberíamos revisar qué podemos hacer para modificarla.

¿Qué considerás que debería hacer una asociación profesional de diseñadores gráficos? ¿Qué te gustaría que hiciera por vos?
Bueno, creo que en mayor o menor medida, pueden ayudar a desterrar lo que planteaba en el punto anterior. Por otro lado, creo que, como bien dice la palabra “asociación”, debería aportar a lo colectivo, a mejorarnos como profesionales en todos los sentidos, a nivel humano, laboral, experimental… Que nos fuerce a pluralizarnos estéticamente y a auto-cuestionarnos.

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Mariano Sigal
nosotroscinco.com