Soy… (el entrevistado se presenta como quiere)
Mi nombre es Matías Delfino. Soy diseñador gráfico, argentino, estudié y me gradué en la Universidad de Buenos Aires. Ni bien terminé la carrera en el año 2000 me fui a hacer una pasantía a las Naciones Unidas, en Nueva York. Meses después tuve la suerte de ser contratado como staff. Así que van… casi 14 años trabajando en las Naciones Unidas como diseñador gráfico en el Departamento de Diseño Gráfico.

¿Cómo llegaste al lugar donde estás actualmente?
Todo surgió de una manera muy casual. El punto de partida fue un trabajo práctico en la Universidad, se nos pedía que desarrolláramos una campaña para UNICEF. Eso a mí me motivó bastante, de hecho creo que fue uno de los primeros trabajos donde me involucré de lleno, con un gran nivel de compromiso, porque sentía que estaba haciendo algo útil, que tenía un fin positivo y podía generar un impacto en la gente. Era una campaña sobre las madres que –desbordadas por distintos motivos- abandonaban a sus bebés.

Me comprometí mucho con este trabajo (estaba en segundo año de la carrera). Fue hace casi 20 años atrás, Internet no era algo tan accesible como ahora (a los más jóvenes tal vez les cueste creer esto). Tampoco había tanta información disponible online así que terminé buscando datos en el Centro de Información de las Naciones Unidas en Recoleta; y ahí fue cuando, buscando información sobre el tema, me sentí como iluminado por esa posibilidad que hasta entonces en mí no estaba presente, que era diseñar por una buena causa y para el mundo.

Recuerdo que terminé cargado con increíbles pósters, brochures y hasta libritos de distintas temáticas mas allá de la que estaba buscando, y ahí fue cuando me enamoré de esa posibilidad de algún día poder hacer ese tipo de campañas. Obviamente pensando que yo era un puntito ahí en Sudamérica y que sería casi imposible algún día llegar a trabajar para la ONU.

Gracias a mi entusiasmo me fue muy bien en esa entrega en la facultad; bien al punto de que el docente dudaba si realmente la había hecho yo; me decía: “acá hay una mano extra”. Y… no, pensaba yo: “acá hay pasión extra”. Ahí fue cuando empecé a ver el tema este de la ONU como una posibilidad. Me gradué y, al poco tiempo, conseguí esta oportunidad de hacer una pasantía por dos meses; esto fue en mayo del 2000.
Dudé mucho al principio porque, si bien era mi sueño y eran nada más que dos meses, yo acá tenía mi estudio, clientes, mi rutina, mi vida… Además siempre fui familiero y amiguero, como jugador de rugby que era, siempre acostumbrado al grupo. Nunca me había propuesto vivir fuera de la Argentina y menos sólo; no era una opción que pasaba por mi cabeza. Además mi inglés no era muy bueno, tener una Mac en ese entonces (20 años atrás) no era tan fácil, por lo menos para nosotros en Argentina; es decir: tuve que aprender a usar una MAC y perfeccionar mi inglés en un par de meses… un montón de condiciones que se necesitaban para cumplir ese sueño. Lo inesperado fue que al mes de llegado a New York, tuve la fortuna de que me ofrezcan trabajo más allá de la pasantía. Algo muy poco habitual, me fui dando cuenta con el tiempo.

¿Cómo es tu día de trabajo habitual?
Arranco a trabajar a las 10 de la mañana y supuestamente hasta las 6 de la tarde; aunque rara vez me vaya en hora, a veces porque no queda otra pero la mayoría, por una cuestión propia, de ansioso, por estar trabajando en algo y querer avanzar para ver cómo va a quedar. Trabajo en algo que es para el prójimo pero que siento como propio y, aunque parezca mentira, cuando estoy de vacaciones extraño diseñar.

En el Departamento de Diseño somos todos diseñadores de distintos países… Líbano, Suecia, Serbia, Canadá, Alemania, Bosnia, Siria, Australia, EEUU… y bueno, el único latino hispanoparlante del grupo que soy yo. Nos especializamos en distintas áreas. Eso enriquece mucho nuestro trabajo y se nota en el resultado final. Yo me fui desarrollando en branding, diseño de marca, que sería la imagen y la identidad gráfica de las campañas.
Depende el proyecto se trabaja en equipo. A veces se nos asigna un tema y trabajamos individualmente en él; y durante el proceso, contamos con el feedback del resto, vamos opinando… siempre suma la mirada de un colega sobre lo que uno está diseñando. Cuando es un proyecto muy complejo o de muy alto perfil, se nos asigna a más de uno o incluso todos, a diseñar para esa campaña. Después simplemente nos juntamos con el cliente, se le presentan las propuestas y el cliente elige. A veces se decide por una, a veces elige un popurrí de partes de cada propuesta (risas)… cosa que tratamos de evitar… pero, de nuevo, trabajamos con personas que no son expertos en comunicación. Dentro de la ONU son expertos en… cambio climático, en lucha contra el SIDA, en violencia sexual en zonas de conflicto armado… expertos en su materia pero no precisamente en comunicación. Por eso está el desafío de “educar” al cliente, que no es lo ideal, pero a veces lo tenemos que hacer.

¿Cuándo decís cliente, quién es, por ejemplo?
Desde el Departamento de Diseño brindamos servicios de diseño in house, es decir, para clientes internos, que son siempre pertenecientes a distintos departamentos y oficinas dentro de la ONU. Son ellos los que generalmente nos encargan las campañas y proyectos.

Los clientes no son siempre los mismos, ya que van variando según el tema y además existe cierta rotación de puestos. La organización promueve que sus empleados vayan cambiando de trabajo y viviendo en distintos lugares del mundo para que puedan tener una visión más global sobre la temática que los compete.

¿Mencionaste hace un rato que una campaña puede trabajarse durante dos años?
Sí, las campañas son por lo general planeadas con bastante anticipación debido a la complejidad de las mismas. Pensá que se realizan en múltiples idiomas y la cantidad de piezas que las integran son por lo general numerosas, arrancando por el logo hasta pósters, banners, páginas web, brochures, publicaciones, postcards, redes sociales, merchandising, etc. Además la aprobación de las mismas involucra a veces a varias personas y una vez aprobadas, deben ser distribuidas alrededor del mundo en tiempo y forma.

Otro motivo no menos importante es que la agenda internacional de eventos se caracteriza por ser cargada y buscar un “hueco” en la misma no es fácil. Por eso cuanto antes se planea mejor. Parte del éxito de la campaña para un evento depende de que no se superponga con otro que le pueda quitar protagonismo en los medios y concurrencia de participantes y líderes mundiales.

¿Qué pasos y qué límites tenés a la hora de diseñar?
Si bien la esencia de la acción de diseñar es universal, hacerlo desde las Naciones Unidas tiene sus peculiaridades. El impacto y la magnitud del mensaje requiere que sea traducido al menos en los seis idiomas oficiales de la ONU, que son inglés, francés, español, chino, árabe y ruso. Eso ya limita mucho el diseño por una cuestión de espacio. Por ejemplo lo que en chino decís con tres simples caracteres puede que en ruso requiera 10 palabras y algunas de ellas con más de 12 letras. Mantener la consistencia visual es realmente difícil, sobre todo cuando estas diseñando logos.

Luego ese mensaje se distribuye entre los 193 países miembros de la organización a través de los Centros de Información de Naciones Unidas en todo el mundo. Ahí muchas veces se los traduce a otros idiomas adicionales como japonés, italiano, alemán, portugués, entre muchos otros. También tenemos que pensar en eso, en que el diseño pueda ser fácilmente adaptado a otros idiomas por terceros.

Más allá de esto, creo que el desafío mayor es asegurarse de que todos comprendan el mensaje.
A veces uno quisiera apostar a generar piezas creativas más sofisticadas, complejas, el tema es que hay que tener en cuenta que nuestra audiencia en la ONU es muy heterogénea. En muchos casos incluso son personas analfabetas, entonces ¿cómo le llegás a esa gente? Tenés que ser visualmente muy directo y simple en lo posible. No podemos dejar a nadie afuera del mensaje. Eso lo hace más complejo pero es parte del desafío.

¿Cuál es la clave para el éxito de una campaña?
En mi experiencia, la mejor manera de comunicar algo es convirtiéndote en un experto del tema, en la medida de tus posibilidades. Cuanto más sepas de ese tema y cuánto más lo entiendas, mejor vas a poder comunicarlo y más posibilidades tendrás de mejorar la calidad de la vida de la gente.
Es fundamental el trato con el cliente, el ida y vuelta. Saber escuchar y también saber preguntar. A lo largo de tantos años me he familiarizado con innumerables temas… paz, derechos humanos, asuntos humanitarios, cambio climático, desarrollo sostenible, genocidios, salud, educación, y muchísimos otros.

¿Cuántas instancias de aprobación puede tener un proyecto?
Depende del proyecto. Por lo general a mayor complejidad o exposición del mismo, probablemente haya mayor cantidad de tomadores de decisión para aprobar la campaña. A veces sucede que los que tienen la responsabilidad de dar el OK final se encuentran en distintos lugares geográficos. Así que no siempre se da el cara a cara; y el contacto humano –que creo yo- es lo mejor cuando uno tiene que explicar un diseño.

Suena que está todo muy pensado ¿hay cosas que deban resolverse al estilo argentino “lo atamos con alambre”?
El imponderable, aunque no ocurra, es lo que como argentinos estamos esperando que pase. Es decir que cuando todo sale “de una” decimos… ¡guau! pero lo ideal es siempre planear. Por ejemplo: estamos trabajando en la identidad de una conferencia para el 2016. Fueron como seis o siete meses de trabajo, de idas y vueltas varias, y después de como 20 propuestas de logo, cuando ya teníamos una opción aprobada y con el aval de todos… a último minuto, noté que la clienta no estaba convencida 100%. Imagínense mi cara de pánico, después de meses de trabajo… pero bueno, ofrecí de seguir trabajando y seguir proponiendo ideas a pesar de que tenía varias campañas “en mi plato” como dicen en EEUU. En definitiva, yo no diseño para mí, no diseño para mi cliente, ni para la ONU, yo diseño para la gente. Así que si me tengo que quedar trabajando los fines de semana, no será lo que prefiera pero entiendo que es necesario. Lo importante para mí es que el diseño le llegue a la gente, que genere impacto. Y volver a empezar de cero nunca es: “de cero” porque toda la investigación y el proceso que llevó a la primera propuesta es como una escalerita que queda armada. Por ahí la escalerita hay que correrla y apuntarla hacia otro lado, pero la escalerita está.
¿Y el gen argento…? Mirá, cuando llegué, era un pasante. Cualquier cosa que me pedían, la hacía. Me decían: ¿Sabés hacer esto? Y yo decía: ¡Sí, claro! A veces no sabía mucho como hacerlo pero decía “sí” y después veía cómo me las arreglaba, investigaba a la noche… Siento que esa actitud es lo que hizo una diferencia. Honestamente, yo no sé si soy un gran diseñador, pero sé que pongo todo lo que tengo para dar, me comprometo, le pongo entusiasmo.

¿Qué considerás que debería hacer una asociación profesional de diseñadores gráficos? ¿Qué te gustaría que hiciera por vos?
Tengo la suerte de ser miembro y estar bastante involucrado con dos asociaciones: AIGA, que es la asociación de diseñadores gráficos de Estados Unidos y también del Art Directors Club. Para mí son fuentes de inspiración indispensables.
Recuerdo que cuando llegué a hacer la pasantía a Nueva York lo que me pasaba es que extrañaba la facu: sobre todo estar en modo esponja, absorbiendo y aprendiendo algo nuevo todo el tiempo. Así que me pareció que unas de las maneras de seguir estimulado era asistir a eventos organizados por estas organizaciones. Para mí hoy son combustible básico para la inspiración. No imagino estos casi 14 años de estar en NY sin asistir al menos a uno o dos eventos mensuales de charlas, workshops, proyección de películas, cócteles, fiestas. También suma conocer a otros colegas y ver sus realidades muchas veces bien diferentes a lo que yo hago en la ONU. Así que no solo voy sino que además “acarreo” a los otros diseñadores del Departamento de Diseño para que se sumen. Siempre la pasás bien y te llevás algo. Es muy raro que vayas a un evento y que no rescates nada. Siempre vale la pena participar. También es interesante cuando hay concursos de diseño. Más allá de participar o no, ver los trabajos ganadores expuestos y cómo, ante un mismo desafío, existen soluciones visuales tan diversas, te termina nutriendo.

Para cerrar los quería felicitar; me parece que teníamos que tener en Buenos Aires, una voz que nos identifique, que nos agrupe y que nos proyecte, que nos enseñe a defender nuestra profesión, a hacerla valer, a mantenernos inspirados, y ustedes van encaminados hacia ese lugar.

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Matías Delfino
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